Cementerio de Alfocea: historia y curiosidades

En Zaragoza hay otros cementerios además del de Torrero, camposantos cada uno con su historia y sus particularidades. Uno de ellos es el de Alfocea, situado en una de las zonas geográficas más elevadas de la ciudad. Alfocea es hoy en día uno de los barrios rurales de Zaragoza se mantiene con una población estable desde hace más de cuatro décadas. Por ello el camposanto no sufre ampliaciones desde los años 70 del pasado siglo.

Historia del cementerio de Alfocea en Zaragoza

Con unos 180 habitantes en censo, la población mira desde su altura la ciudad de Zaragoza, de la que se encuentra muy cerca. Por el norte, limita con campos militares, por lo que su crecimiento poblacional e inmobiliario es limitado, dado además sus particularidades geográficas.

En 1934 sí hubo una ampliación y, como la mayoría de los cementerios zaragozanos y de otras partes de España, tienen dos partes: la vieja y la nueva. Los camposantos tienen mucho en común con las ciudades, aunque en ellos reposen los restos de los que un día anduvieron por las calles de la ciudad… o de la población de Alfocea.

Respecto a la ampliación de 1934, no parece haber datos documentales que la confirmen, pero los estudiosos han llegado a esta conclusión a raíz de observarse cambios en herrajes y cerramientos en la zona sur.

Situado en una colina, enfrente se halla la iglesia de la parroquia. Su superficie abarco los 1598 m2… sí, muy poco comparado con la gigantesca superficie del cementerio de Torrero, pero eso no quiere decir que hasta los más pequeños camposantos no guarden su historia.

Ya en el interior, observamos que la ordenación es algo caótica o, por decirlo de manera más clara, no hay ordenación espacial. Encontramos numerosas sepulturas de piedra con los nombres casi borrados en la parte antigua, y entre la irregularidad de su espacio trapezoidal nichos y capillas de diferentes calidades y estado de conservación.

En cuanto al estado de conservación de los cementerios, volvemos a indicar la importancia de que estos recintos estén debidamente protegidos no solamente de los gamberros, sino también de las inclemencias del tiempo y de la suciedad acumulada, así como la vegetación que rompe la piedra de las estructuras funerarias, tanto en nichos como en tumbas.

Sin embargo, una de las particularidades arquitectónicas más importantes del cementerio de Alfocea no se halla exactamente en su interior, sino en el llamado frente viejo, un muro que se conservó tras las supuestas demoliciones y modificaciones realizadas en 1934. La conservación de este muro ha hecho posible que Alfocea goce de un frente viejo que, en realidad, son los restos de un antiguo y pequeño castillo. Esta fortificación pasaría por varias manos a lo largo de larga historia, que incluye la conquista de Zaragoza de 1118 y las décadas que estuvo en poder de la Orden del Temple.

Cuando pasados los siglos fue careciendo su relevacia como puesto de defensa, fueron los nobles y clérigos quienes harían del antiguo castillo una ermita, la ermita de Santa Ana. Los contrafuertes de ladrillo y yeso conforman ahora los restos de la ermita abovedada. Podemos decir que hablamos de un cementerio con un castillo dentro.

Además, probablemente colocada después, observamos una hornacina. Por todos estos valiosos detalles, el cementerio de Alfocea tiene el orgullo de poseer elementos declarados Bien de Interés Cultural, de acuerdo a la Orden del 17 de abril de 2006 emitida por la DGA.

No solo los camposantos que son declarados (en conjunto o en parte) Bienes de Interés Cultural deben ser mantenidos correctamente. Todo cementerio ha de estar, como hemos indicado en otros artículos, protegido de los actos vandálicos y de los robos, así como de algo que resulta menos alarmante en el plano social pero que, a efectos prácticos, es tanto o más grave: las condiciones meteorológicas. El paso del tiempo y el clima hace que las obras de valor de las unidades de enterramiento se deterioren, sobre todo cuando no son mantenidas debidamente. El camposanto de que hablamos en Alfocea no ha sufrido ataques y ha sido correctamente mantenido por la junta de la alcaldía y por los vecinos, sin embargo, los presupuestos no son suficientes para cubrir determinadas carencias estructurales que no pueden ser satisfechas por los vecinos.

Los “otros cementerios de Zaragoza” son los grandes olvidados de la capital maña en cuanto a arte funerario, arquitectónico, valores culturales e históricos… y por ello las altas instituciones deben procurar que todo ciudadano encuentre la tumba de sus seres queridos en correctas condiciones.

Bien es cierto que, al ser las unidades de enterramiento espacios privados, corresponde a los familiares el adecentamiento del lugar, pero se verán menos animados a ello si alrededor cunde el desorden, la suciedad y la hojarasca.

No nos referimos con este ejemplo al cementerio de Alfocea, sino a otros muchos, incluido el de Torrero.

A nivel nacional fue ejemplo de mala gestión del cementerio de la Almudena, en Madrid, donde durante décadas cundió el desorden, la suciedad y el caos en ciertas partes del cementerio. Afortunadamente en este casó parece que se revirtió la situación. Volviendo a la responsabilidad de las familias por el buen estado y mantenimiento de panteones, capillas, tumbas humildes, nichos, columbarios… estos tienen que tener en cuenta la opinión de especialistas en materiales funerarios.

Los prefabricados funerarios son la base de la edificación, pero estos deberán estar revestidos por piedras y mármoles de calidad.

Si los familiares de los difuntos quieren que las tumbas o nichos de sus seres queridos duren durante muchos años en buen estado de conservación, deberán decidirse por materiales como el granito. El mármol es otra opción, y muy bella, aunque menos resistente al paso del tiempo.

También las empresas funerarias deben proporcionar lápidas de travertino para ampliar las expectativas de elección de los familiares.

Hoy en día, la asociación de resinas y áridos hace posible la creación de granitos y piedras de gran resistencia, incluyendo el Silestone ®, una marca que proporciona materiales de extraordinaria dureza tanto para encimeras de cocina como para otros usos.

Tanto los familiares de los finados como los vecinos del pueblo desean ver su camposanto bien arreglado, sin hojarasca acumulada, pero también con lápidas no corroídas por el tiempo, en las que se lean las inscripciones y puedan decorarse y honrarse periódicamente en un entorno de serenidad y armonía.

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